miércoles, 12 de febrero de 2014

Noche de verano con gripa, mientras tomábamos té en un bar. II


*Y ahí estaba ella, con sus ojitos de gato compungido, volteando hacia la luna. En su corazón se dejaba ver el eterno vacío que carcomía su alma; en su mirar, se notaba *la terrible desesperación por ver vacíos los ojos obscuros de ese animal tan asquerosamente adorable. Se sentó a observar sus últimos suspiros *disipados con la luz del sol. Él era lo único que sus ojos esperaban y aún así el vacío persistía; la soledad seguía inundando su existir y el deseo de ser amada por algún hombre grande, fuerte y parecido a su padre le hacía seguir buscando entre la neblina *esa figura que tanto deseaba sacrificar. Se sentó un momento a respirar el delicioso sabor de la venganza y miró, fijamente hacia el horizonte, esperando encontrar aquello que tanto buscaba. En el fondo, sabía que jamás aparecería, que ni el ser más poderoso o el Santo más Santo podría abrazarle con tanta fuerza como algún día lo hizo aquél que la abandonó tan de repente aquella tarde de invierno donde su vida cambió por completo.
*Por fin mi mirada se cruzó con la suya, y sus ojos negros me recorrieron de arriba abajo, pero nunca se separaron de mi figura; se levantó, con el arma en mano, y caminó hacia mi. *Me dio un cálido beso en la mejilla, me miró por última vez y sin pronunciar una sola palabra salió por la puerta de mi alma para no volver jamás.

Gina y Joh (Llina i Llou)

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