*Y ahí estaba ella, con sus ojitos de gato compungido, volteando
hacia la luna. En su corazón se dejaba ver el eterno vacío que carcomía su
alma; en su mirar, se notaba *la terrible desesperación por ver vacíos los ojos
obscuros de ese animal tan asquerosamente adorable. Se sentó a observar sus
últimos suspiros *disipados con la luz del sol. Él era lo único que sus ojos
esperaban y aún así el vacío persistía; la soledad seguía inundando su existir
y el deseo de ser amada por algún hombre grande, fuerte y parecido a su padre
le hacía seguir buscando entre la neblina *esa figura que tanto deseaba
sacrificar. Se sentó un momento a respirar el delicioso sabor de la venganza y
miró, fijamente hacia el horizonte, esperando encontrar aquello que tanto
buscaba. En el fondo, sabía que jamás aparecería, que ni el ser más poderoso o
el Santo más Santo podría abrazarle con tanta fuerza como algún día lo hizo
aquél que la abandonó tan de repente aquella tarde de invierno donde su vida
cambió por completo.
*Por fin mi mirada se cruzó con la suya, y sus ojos negros me
recorrieron de arriba abajo, pero nunca se separaron de mi figura; se levantó,
con el arma en mano, y caminó hacia mi. *Me dio un cálido beso en la mejilla,
me miró por última vez y sin pronunciar una sola palabra salió por la puerta de
mi alma para no volver jamás.
Gina y Joh (Llina i Llou)
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